martes, 31 de diciembre de 2013

Día 365 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: La Crisis Terminal

Hoy me desperté cantando “La última curda”, de Anibal Trolio y Cátulo Castillo. El día del cumpleaños número cincuenta y ocho de mi vieja había llegado. En el centro del hangar, mi viejo había hecho colgar un pasacalle en el que se podía leer la siguiente leyenda: “FELÍ CUMPLIAÑO, MARIA ANTONIETA PEREZ ESTRAFAGARTA. FUISTES, SO Y SERÁ LA MUJER DE MI VIUDA”. Me acerqué a mi viejo y, después de felicitarlo por el gesto, hice mención a los errores de ortografía y escritura que habían cometido al escribir el mensaje.
―Ni me hablés de eso. ¡Tengo una calentura! ―me dijo.
―Pero, ¿qué pasó? ―le pregunté.
―Nada, le pedí al mimo que se encargara de conseguir a quien lo escribiera. Como sólo habla mediante el lenguaje de señas, le transfirió el encargo a Samuel, que se niega a pronunciar la letra “p”. Imaginate lo difícil que habrá sido para él ingeniárselas para pedir que le hicieran un pasacalle. Para colmo, el encargo se lo hizo a Chun Li, mi mujer japonesa, que tiene un gran talento caligráfico pero que no entiende una mierda de castellano. El resultado fue un teléfono descompuesto que derivó en eso que ves ahí colgado.
―Pero, ¿por qué no le diste al mimo un papel con el mensaje que querías poner? ―le pregunté.
―No sé, Natalio. La verdad que no me sirve de mucho que me des la cura de una enfermedad cuando el paciente ya está muerto ―dijo y se alejó de mí.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Día 364 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: El Tatuaje

Hoy me desperté cantando “Himno de mi corazón”, de Los Abuelos de la Nada. Daba la impresión de que los rusos habían superado el rencor por la caída del muro. En el hangar reinaba un clima ameno, de cordialidad, fraternidad y buen humor. En esto mucho tenía que ver la hermosa boda de la que habíamos sido testigos durante el día anterior. Tal era el grado de felicidad, que desde el lugar en el que estaban cuando desperté, sin dejar de hacer lo que fuera que estuvieran haciendo, todos los participantes nuestra gran fiesta familiar, con la esperable excepción del mimo, se sumaron a mi canción en la parte del famoso “oh, oh, oh, oh, oh, oh; oh, oh, oh, oh, oh, oh”.
Fue un espectáculo conmovedor. Yo recorría el lugar caminando sobre la alfombra roja que todavía no había sido quitada, y a medida que avanzaba podía oír a distintas personas provenientes de distintos barrios, de distintos países, de distintos estratos de la sociedad, todos ellos hermanados por el mismo canto de felicidad.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Día 363 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: La Luna de Miel

Hoy me desperté cantando “I was born to love you”, de Freddie Mercury. El hangar había sido decorado para la ocasión. Había una alfombra roja que corría desde el portón hasta el otro extremo, en el cual habían emplazado una suerte de altar. A ambos lados de la alfombra, había filas y más filas de bancos, sobre los que se habían sentado todos y cada uno de los presentes. En las paredes, colgando a gran altura, había guirnaldas de rosas rojas, y en los extremos de los bancos, arreglos hechos con flores blancas. De pie tras el altar, el pastor brasilero de la Iglesia Universal del Reino de Dios, aquel mismo que una vez había intentado exorcizarme, aguardaba por la llegada de la novia. Lo mismo hacía Samuel, que estaba parado del otro lado del altar, vestido con un traje elegantísimo.
Cuando comencé a cantar, como si mi voz hubiera dado la señal del inicio de la ceremonia, “La Mole Moni” abrió el portón sin la ayuda de nadie. Entonces, Héctor “Bicicleta” Perales ingresó al hangar llevando a mi primo Luján, de Luján, tomado a su brazo. No entendí lo que estaba sucediendo y supuse que, en lugar de llevar a la futura esposa de Samuel, los nervios le habían jugado una mala pasada y, en pleno alboroto, había tomado a Luján por equivocación.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Día 362 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: Las Dos Afortunadas

Hoy me desperté cantando “Big gay heart”, de The Lemonheads. Anoche, mientras yo peleaba con mi borrachera e intentaba resolver la regla de tres simple que me permitiría saber qué número del taxímetro desactualizado que me habían dado los taxistas debía tomar como señal para juntarnos en el portón y qué otro número predeciría, en caso de no encontrar una solución pacífica al conflicto, la orden de derribar el muro de yeso que los rusos habían levantado… mientras hacía mis cuentas, pude oír el ruido del derrumbe.
Me había demorado más de la cuenta, la misión diplomática de los taxistas no había llegado a buen puerto y las fuerzas rebeldes habían acatado la directiva y habían entrado en acción. Los veinticinco inquilinos del conventillo, encabezados por Héctor “Bicicleta” Perales y su mujer, “La Mole Moni”, pasaron por encima de cuanto ruso-ucraniano se interpuso en su camino y tiraron abajo la pared. Entonces yo, que había quedado solo de este otro lado, tuve un emotivo reencuentro con mis afectos. Después de tanto sufrimiento, el tiempo del aislamiento había llegado a su fin.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Día 361 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: Sincronicemos Relojes

Hoy me desperté cantando “Buena suerte y hasta luego”, de Andrés Calamaro. Caminando por el hangar, temí que los cinco o seis días de borrachera continuada hubieran comenzado a afectar mis sentidos, porque, de repente, el lugar me parecía mucho pero mucho más pequeño. Caminando en dirección hacia donde se suponía que debía estar el portón, me topé con una pared de yeso que hasta el día anterior no había visto, en el centro de la cual había una puerta cerrada. Si mis cálculos de ebrio no fallaban, la habían levantado en el centro exacto del hangar. ¿Quién? Aún no lo sabía. Para sacarme la duda, golpeé.
La puerta fue entreabierta desde el otro lado, uno de los rusos asomó la cabeza y elevó las cejas como preguntándome qué necesitaba.
―Quiero pasar ―le dije.
―No en este momento ―respondió él y cerró la puerta.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Día 360 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: La Resistencia Rusa

Hoy me desperté cantando “Historia de taxi”, de Ricardo Arjona. La canción funcionó como un presagio, porque, unos minutos antes del mediodía, llegaron al hangar, para sumarse a las celebraciones, mis primeros socios en el proyecto turístico “El Pasea Porros”. Ahí estaban los cuatro: el taxista freudiano, que además de taxista era escribano, el taxista contador, el taxista abogado y el taxista chef internacional. Detrás de ellos ingresó Luis Miguel, socio mayoritario de mi agencia de detectives privados y responsable del semanario barrial “La Tos de la Recoleta”, y detrás de Luis Miguel, entraron, vestidas con su sexy uniforme de trabajo, mis ex compañeras de trabajo en mi paso por la estación de GNC. Carlitos Salvador, mi hermano, que cumplía veintisiete años ese mismo día, se ilusionó con la idea de que eran desnudistas que mi viejo había contratado para su cumpleaños, corrió en dirección a ellas, se paró entre ambas, las abrazó y, aprovechando que su mujer estaba ayudando a preparar el almuerzo en el Pabellón Neozelandés, le dio un beso en la boca a cada una.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Día 359 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: Mi Borrachera Triste

Hoy me desperté cantando “Santa Claus is coming to town”, versión de Frank Sinatra. Sobraban los motivos para festejar, porque era Navidad y el mimo, disfrazado de Papá Noel, había dejado regalos para todos los presentes. En alguno de sus bolsillos llevaba un grabador que, de tanto en tanto, reproducía la tradicional frase “Jo, jo, jo, feliz Navidad”. Además, mi viejo estaba cumpliendo sesenta años y el día anterior había prometido tirar el hangar por la ventana. Bien tempranito a la mañana, antes de que abriéramos nuestros obsequios, nos reunió a todos en el Pabellón Japonés para comunicarnos, entre otras cosas, que él había sido quien había comprado los obsequios de Navidad y que, para agasajarnos el día de su cumpleaños, almorzaríamos un rico asado criollo en el Pabellón Argentino.

martes, 24 de diciembre de 2013

Día 358 – Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: La Cuenta Regresiva

Hoy me desperté cantando “Noche de paz”, de Sumo. Aunque mi canción contaba con el aliciente de permitir a quienes la oyeran el ir anticipándose a la magia de la Nochebuena, esta vez nadie se acercó a escucharme. Quizá influyó el hecho de que estuviera tirado en el piso del hangar, debajo de la pileta pelopincho, que había sido vaciada y dada vuelta por alguien sobre mi humanidad. No recordaba cuáles habían sido las circunstancias que me habían llevado a pasar la noche en esas condiciones (aún no las recuerdo), pero supuse que el alcohol que había bebido durante los dos últimos días bastaba para explicar tanto lo sucedido como así también el olvido de lo sucedido.
Por la inclinación del sol, cuyos rayos se filtraban por un pequeño tragaluz e iluminaban el reloj de pared que tenía frente a mí, pude saber que eran las cuatro menos diez de la tarde. Sin embargo, pronto caí en la cuenta de que estaba en el Pabellón Alemán y, en consecuencia, el reloj que había visto reflejaba no la hora argentina, sino la hora de Múnich. Acá, en nuestro suelo, faltaban quince minutos para que fueran las doce del mediodía. Recorrí los distintos pabellones con la esperanza de encontrar algo para desayunar, pero en ninguno de ellos habían quedado restos; tampoco había personas. Todos los setenta y ocho seres humanos con los que había compartido la cena de la noche anterior estaban parados en torno al portón del hangar, que acababa de ser abierto. Me aproximé a ellos y le pregunté a Samuel si sabía qué estaba sucediendo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Día 357 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: El Retiro

Hoy me desperté cantando “Culpable”, de Vicentico. Nuevamente, mis cinco madrastras se pararon en torno a mí junto a sus once hijos. También se acercaron mis hermanos y sus familias. Era el cumpleaños número treinta y cuatro de Teresa Olga, la mayor de mis hermanas mujeres, por lo que, mientras cantaba, caminé hacia ella para, a modo de homenaje, dedicarle el espectáculo. Creo que la resaca que tenía como consecuencia de la borrachera de ayer hizo que interpretara el tema con mayor sentimiento. El aplauso cerrado de mis parientes de sangre, políticos, lejanos o fraccionarios reforzó esa impresión. Después, le di un abrazo a Teresa Olga, le cantamos el feliz cumpleaños y nos sentamos en el Pabellón Canadiense, donde Celine Dilon nos recibió con un desayuno típico de aquellas tierras.
Unos minutos antes del mediodía sentimos que golpeaban la puerta del hangar. Extrañamente, el ruido del eco sonaba con mayor fuerza que el golpe original. Me dolía la cabeza y, por miedo a que volvieran a golpear, fui corriendo a ver quién era.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Día 356 - Las Fiestas Anuales de la Familia Gris: La Inauguración

Hoy me desperté en el hangar que compró mi viejo cantando “Hoy es el principio del final”, de Amaral. Este lugar tiene muy buena acústica y, al oírme, las cinco mujeres extranjeras de mi viejo se acercaron junto a sus once hijos y acompañaron la canción haciendo palmas. Mi vieja, mi viejo, el mimo, Samuel y mi primo Luján, de Luján, no las acompañaron porque estaban acostumbrados a que despertara cantando y ya sufrían el asunto como lo que en realidad era, una maldición. De todos modos, fue reconfortante recibir un aplauso cerrado del que participaron manos provenientes de cinco continentes distintos.
El hangar había sido engalanado para la inauguración de la Fiesta Anual de la Familia Gris. Había sido dividido en seis lotes de igual tamaño. Cada uno de esos lotes debía su nombre al país de origen de la mujer encargada de decorarlo. Así, al mejor estilo de la Feria de las Naciones, teníamos el Pabellón Argentino, el Pabellón Alemán, el Pabellón Botswanés, el Pabellón Canadiense, el Pabellón Japonés y el Pabellón Neozelandés.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Día 355 - El fin de la era de una mujer por día

Hoy me desperté cantando “Al olor del hogar”, de Bersuit Vergarabat. Después de cantar, los desperté a mi primo Luján, de Luján, y a Samuel, que, por lo visto, se había caído de la cama, porque en lugar de estar acostado en la parte de abajo de la cama marinera que compartía conmigo, estaba abrazado a Luján en el colchón sobre el que este último dormía. Evidentemente, sufrían el calor, y en algún momento de la noche se habían quitado las ropas, porque ambos estaban completamente desnudos. A veces me pregunto si alguna vez llegaré a establecer una relación tan profunda con algún amigo. Quizá en Rusia. De ser así, no creo que lleguemos a dormir desnudos, porque tengo entendido que allá no hay temperaturas tan altas, pero viéndolos me ilusiona la idea de algún día recibir un abrazo.
A pesar de lo mucho que me gustaba verlos, no tuve más remedio que despertarlos, porque se hacía tarde y teníamos que ir a ayudar a mi viejo con la mudanza.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Día 354 - Los ahorros de una vida

Hoy me desperté cantando “No te animás a despegar”, de Charly García. Antes de partir rumbo a Rusia debía dejar pago el curso de verano que haré a distancia, desde Moscú, en la Casa de Rusia en Buenos Aires, con el objetivo de aprender el idioma del país que, tan amablemente, me recibirá. Para efectuar el pago, necesitaba dinero. Mi dinero había sido puesto, por mi viejo y de manera inconsulta, en un plazo fijo que vencería el día de mi partida, el jueves dos de enero de dos mil catorce. Supuse que como había actuado sin mi consentimiento, era suya la obligación de conseguir el dinero de la inscripción al curso.
Conduje la furgonetita hasta su casa, me atendió el mimo y me acompañó hasta la cocina, donde mi viejo y Botswana Amarula, su mujer de los viernes, compartían un tereré. El mimo me dejó con ellos, cerró desde adentro la puerta de la cocina y salió al patio, donde había estado hasta el momento en el que yo había tocado timbre, entreteniendo con sus juegos, trucos y malabares a mis medias hermanas botswanesas: Laa Laa, Dipsy Nabila, Abba Po y Tinky Winky.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Día 353 - Supongo que Moscú

Hoy me desperté cantando “Qué será, será”, de Doris Day. No podía dejar de preguntarme que sería lo que pensaban hacer los rusos conmigo una vez que llegara a su país, pero, tras varias horas de darle vueltas al asunto, decidí que lo mejor sería dejarme sorprender. ¿Para qué adelantarme? ¿Por qué no dejar que la vida siguiera su curso natural? Porque, después de todo, si hubieran querido hacerme algún daño, podrían haberlo hecho acá, en mi país, sin necesidad de esperar hasta estar en su tierra.
Más allá de la tranquilidad alcanzada, le experiencia con los traductores me había dejado una enseñanza: si quería evitar futuros malos entendidos, debería aprender el idioma antes de partir. Debía comenzar, cuanto antes, un curso intensivo de ruso. Investigando en internet, di con la página de la Casa de Rusia en Buenos Aires y hacía allí conduje mi furgonetita Volkswagen.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Día 352 - El Dios del cielo raso

Hoy me desperté cantando “Solace”, de The Gathering. Ni bien terminé de cantar, lo llamé a Luis Miguel para pedirle que nos reuniéramos después del mediodía. Por temor a que las líneas hubieran sido pinchadas, habíamos adoptado la política de no entrar en detalles respecto a nuestros casos cuando conversábamos por teléfono, por lo que sólo me limité a decirle que un intérprete ruso, un intérprete chino y un intérprete italiano deberían participar de la reunión.
―¿Para qué necesitamos eso? ―me preguntó― Solamente te pedí un reporte.
―Vos conseguilos. Tengo algo mejor ―le dije y puse fin a la comunicación.
Cuarenta minutos después de las doce, estacioné mi furgonetita Volkswagen frente a la redacción del semanario barrial “La Tos de la Recoleta” y, tras ingresar, me dirigí a la oficina de Luis Miguel. Junto a él, que estaba sentado en su sitio habitual, había tres hombres de rasgos muy disímiles. Comprendí que se trataba de los tres traductores.

martes, 17 de diciembre de 2013

Día 351 - El Sauna de Mabel

Hoy me desperté cantando “Los piratas”, de Los Auténticos Decadentes, con la impresión de que mi primo Luján, de Luján, y Samuel no habían pegado un ojo en toda la noche y se la habían pasado cuchicheando, porque, aunque bastante más desalineados, tenían puesta la misma ropa y estaban sentados sobre las mismas sillas que cuando yo, vencido por el cansancio, me había acostado.
Como si la noche entera no hubiera sido suficiente, en lugar de preguntarme por mis sentimientos respecto a mi inminente partida rumbo a tierras rusas, dedicaron toda la mañana a inventar excusas destinadas a que yo abandonara el departamento. ¿Qué cosa tan importante que yo no pudiera oír tenían para decirse? No lo sé, pero decidí hacer caso omiso a pedidos indirectos y permanecí ahí, dispuesto a pasar el día con ellos.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Día 350 - De un solo tirón

Hoy me desperté cantando “A hard day´s night”, de The Beatles. Anoche Samuel tuvo una noche difícil. Supongo que la ansiedad por el reencuentro inminente con mi primo Luján, de Luján, le habrá jugado una mala pasada, porque no hizo más que llorar, golpearse la cabeza contra la pared, rechinar los dientes y despertar a los gritos de una pesadilla recurrente en la que él era el sol sobre un campo repleto de girasoles y Luján era el único girasol que no giraba para verlo.
―¿Se te ocurre algún sentido? ―me preguntó esta mañana.
―Mirá ―le dije―, para mí la mejor interpretación que se le puede dar a un sueño es volver a dormirse y olvidarse. Además, ¿cómo sabés que ese girasol que no se daba vuelta era Luján? Si era un girasol, ¿cómo lo identificaste con mi primo?

domingo, 15 de diciembre de 2013

Día 349 - Hoy es domingo

Hoy me desperté cantando “Rock”, de Kapanga. Ayer, por decisión unánime de los cinco miembros del jurado de notables, fui declarado campeón de la primera edición del concurso Mis Cola RIF, organizado y patrocinado por la carnicería de Rubén Ignacio Fasulo. A modo de celebración ―no sólo por mi triunfo, sino porque además habíamos reunido el dinero necesario para pagar la fianza de mi primo Luján, de Luján―, cenamos las hamburguesas y los chorizos con los que había confeccionado el traje de baño con el que realicé la pasada consagratoria.
Esta mañana, a primera hora, partimos en la furgonetita Volkswagen rumbo al penal en el que tenían guardado a mi primo. Tuvimos que esperar más de una hora para que nos abrieran el portón y otras dos horas para que uno de los guardias se dignara a atendernos.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Día 348 - La reina de la carne

Hoy me desperté cantando “La carne”, de Pedro Aznar. Acá estoy, en el frízer de la carnicería de Rubén Ignacio Fasulo, preparado ya para la tercera y última pasada del concurso Miss Cola RIF diciembre de 2013. Estoy lleno de confianza. Mi culo de Jessica Cirio está más firme que nunca. El frío de este lugar acentúa esa firmeza. Sí, nada de segundos puestos. Esta vez, el título no se me escapa.
Las demás concursantes son mujeres. Están acá también, son once. Pobrecitas, parecen no tener conciencia de que no tienen ni la más remota chance de ganar.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Día 347 - Sandalias de matambre

Hoy me desperté cantando “This is Halloween”, versión de Marilyn Manson. Era viernes trece y Samuel, que no estaba en el monoambiente cuando me levanté, ingresó unos minutos más tarde con un folio lleno de papeles y una sonrisa cargada de ilusión.
―¿Qué pasa? ―le pregunté― ¿Qué traés ahí?
―Son los formularios de admisión al concurso Miss Cola RIF diciembre 2013 ―me dijo.
―Pero ―le dije mientras revisaba los papeles que él había traído―, acá falta el calco para pintarse el logo de Reef en la cola. ¿Me lo dan allá?
―No, no, no es de Reef, la marca relacionada con el mar y la arena. Este concurso lo organiza Rubén Ignacio Fasulo.
―Me suena familiar ese nombre. ¿Es algún representante de modelos? ―le pregunté.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Día 346 - ¡El culo te va a salvar!

Hoy me desperté cantando “Visita conyugal”, de Akim. Como en sus grandes noches de presentador de boxeo, Samuel vestía un traje impecable y estaba peinado a la gomina. Finalmente había llegado el tan ansiado jueves, día en el que mi primo Luján, de Luján, tenía permitido recibir visitas.
Partimos rumbo al penal en la furgonetita Volkswagen y Samuel hizo que me detuviera en el camino, bajó y volvió a subir con un ramo de flores.
Ya en la cárcel, nos sentamos frente a un vidrio a esperar por Luján, que aparecería unos minutos después, esposado y escoltado por un guardia, con el pelo algo crecido porque allí no le permitían manipular elementos eléctricos o cortantes, y la cara ennegrecida por manchas que parecían de grasa, como si lo hubieran tenido trabajando en el taller de la prisión, al igual que en esa película en la que Stallone y sus amigotes dedican sus horas de cautiverio a reparar un auto.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Día 345 - Empezaría como activo

Hoy me desperté cantando “La noche te trae sorpresas”, de Ricardo Arjona. Durante unos minutos, contemplé seriamente la posibilidad de meterme un taladro en la sien y, a riesgo de ponerle fin a la mía, terminar de una vez con la vida del turro del dj en mi cabeza, que sabe que este diciembre es un mes crucial, sabe que mis nervios aumentan a medida que el fin de año se aproxima y, aun así, me hace despertar cantando temas de Ricardo Arjona en días consecutivos.
Si yo estaba nervioso, ni siquiera quería imaginarme cómo lo encontraría a Samuel luego de que mi padre se hubiera negado a devolverme parte del dinero que, por derecho, me correspondía y de la consecuente imposibilidad de pagar la fianza de mi primo Luján, de Luján. Mi instinto detectivesco me decía que estaría muy triste, desanimado, deshecho… Fue todo lo contrario. Nunca lo había visto tan enérgico y activo. No había terminado de cantar y él ya estaba diciéndome que algo tendríamos que hacer con el fin de juntar el dinero, que no iba a admitir que nos quedáramos de brazos cruzados, que Luján estaba sufriendo, que éramos dos insensibles, que si era necesario iría a hablar con el comisario y se ofrecería a cubrir el lugar de Luján con la condición de que lo liberaran.

martes, 10 de diciembre de 2013

Día 344 - El plazo fijo

Hoy me desperté cantando “Desnuda”, de Ricardo Arjona. Me reservo mi opinión, porque temo que me salga rimada. Además, tengo cosas más importantes de las que ocuparme.
Mi primo Luján, de Luján, estaba preso; Samuel, desesperado; mi viejo, desaparecido; el mimo, callado; yo, hinchado las pelotas. Lo primero que tuve que hacer esta mañana, después de que terminé de cantar, fue calmar por enésima vez a mi concubino, repetirle que, bien tempranito, unos minutos antes de que su mujer de los martes reemplazara a la de los lunes, iríamos a la casa de mi viejo. Entonces nos aseguraríamos de encontrarlo y le pediría que me diera una parte del dinero que me estaba guardando para que pagáramos la fianza de Luján.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Día 343 - En cana desde hace más de una semana

Hoy me desperté cantando “El fantasma”, de Árbol. Samuel, quien al parecer había salido en algún momento de la madrugada, ingresó al monoambiente y cerró la puerta dando un golpe seco. En la expresión de su rostro pude ver que no había sido la ira lo que había motivado su accionar, sino la desesperación. Sus ojeras, pronunciadas por demás, evidenciaban falta de sueño y el rojo en sus ojos era una muestra inequívoca de cansancio. Sus labios, secos y lívidos, temblaban en sintonía con sus manos, temblorosas en igual medida.
―¡Samuel! ¿Qué te pasa? ―le pregunté.
―Encontré a Luján ―me dijo antes de romper en llanto.
Supuse que el compartir la noticia con alguien cercano luego de tantos días de tensión habría desatado sus lágrimas. Me acerqué y posé una mano sobre su hombro para consolarlo.
―¿Viste, tontuelo? Te dije que todo estaba bien ―le dije.
―¿Qué bien ni que ocho cuartos? ―gritó y apartó mi mano― ¡Está guardado! ¡Luján está en cana desde hace más de una semana!

domingo, 8 de diciembre de 2013

Día 342 - El abrigo de un padre sobreprotector

Hoy me desperté cantando “Mujeres”, de Ricardo Arjona. A menos de un mes de mi partida rumbo a tierras rusas, sentí como un apremio la necesidad de saber cuánto dinero me quedaba de aquellos setenta mil dólares que había ganado apostando en la pelea entre Vicky y la falsa Lucrecia. Tres veces los conté y las tres veces la cuenta arrojó el mismo resultado. Tenía nada más que la mitad exacta: treinta y cinco mil dólares. Había gastado demasiado para el poco tiempo que había transcurrido desde la adquisición de aquella, mi pequeña fortuna personal, y tendría que encontrar la manera de reducir los gastos al mínimo indispensable para llegar a Rusia con un respaldo económico.
Aprovechando que el domingo era el día libre de mujeres para mi padre, lo invité a almorzar con la intención de aceptar su propuesta de guardar mi dinero en un lugar seguro.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Día 341 - Mi espíritu sociable y festivo

Hoy me desperté cantando “Lo quiero ya”, de Sumo. Ayer había tomado la que quizá sea la decisión más trascendental de mi vida y hoy debía comunicársela a la falsa Lucrecia. Había pensado en llamarla y pedirle que viniera al monoambiente, pero la fragilidad emocional que aqueja a Samuel desde que mi primo Luján, de Luján, desapareció, me llevó a optar por una alternativa.
Nos encontramos unos minutos antes del mediodía en el restorán-gimnasio de sus amigos rusos y ocupamos una mesa apartada de todos y de todo. Pedimos algo para comer, algo para tomar y hablamos durante un buen rato acerca de nada, por la simple necesidad de rellenar el silencio con palabras.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Día 340 - La buena de Clotolinda

Hoy me desperté cantando “Justicia”, de Attaque 77. Se acerca la hora de tomar una decisión. De la forma más dolorosa, descubrí que no cuento ni para mi familia ni para mi ex novia ni para el hombre con el que convivo ni para mis amigos de la infancia. Después de casi treinta años de andar vagando por el mundo me parece un poco injusto el hecho de sólo contar con Justicia.
“Así es la vida, m´hijito” me habría dicho mi abuelita si no la hubiéramos llevado a celebrar su cumpleaños número noventa en la parrilla libre en la que siete choripanes, dos morcillas, seis chinchulines y otras tantas porciones de molleja, vacío, bife, costillita de cerdo y matambre, coronados por tres porciones de flan con dulce de leche y crema, trece bochas de helado y un tecito digestivo pusieron fin a la trayectoria de esa hermosa mujer, tan rebosante de luz como de colesterol; tan excedida en afecto como en los triglicéridos.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Día 339 - Los ocho bisabuelos

Hoy me desperté cantando “El estudiante”, de Los Twist. Tan desesperado estaba por encontrar un motivo para no irme del país que estaba dispuesto a atender las sugerencias que en clave de canción me da el dj en mi cabeza. Hay quienes sostienen que los verdaderos amigos son aquellos que se tuvo en la infancia. Yo no era un chico muy popular en la escuela primaria, pero sí tuve un amigo, un verdadero amigo, con quien compartí banco desde primer a séptimo grado, todos los días, todos los recreos, siempre juntos.
Se llamaba ―y supongo que así seguirá llamándose― Rodolfo Pérez Constantín González Gutierrez Gomez Epuyén Robles Sanabria. Sí, los padres lo habían anotado con los apellidos de los ocho bisabuelos. Para no perder tanto tiempo en la tarea de tomar lista, las maestras lo llamaban “Rodolfito”.
Por algún motivo, pensé que el hecho de reencontrarme con mi primer amigo me ayudaría a tomar una decisión respecto a mi futuro; que ver a Rodolfito me permitiría pensar con claridad y determinar si me convenía quedarme en Argentina o partir con destino a tierras rusas.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Día 338 - La pastillita azul

Hoy me desperté cantando “Transparente”, de Las Pelotas. Mi primo Luján, de Luján, sigue sin aparecer y, en consecuencia, yo sigo sin contar con el apoyo de Samuel para tomar la que quizá sea la decisión más trascendental de mi vida. ¿Me voy a vivir en el frío de Rusia con la falsa Lucrecia o me quedo en Argentina, donde recibo el cálido abrigo de mis afectos? Antes de definir mi destino, debía, necesariamente, hablar con mi padre. Con ese objetivo, manejé mi furgonetita Volkswagen hasta la puerta de su casa, sabiendo que lo encontraría con una de sus mujeres, pero sin saber exactamente con cuál de ellas sería, porque no estaba al tanto del día de la semana que tenía asignado cada una.

martes, 3 de diciembre de 2013

Día 337 - Malas sensaciones

Hoy me desperté cantando “Convalecencia en Valencia”, de Bersuit Vergarabat. Convencido de que Vicky no será el poste que me ate al país y me impida zarpar rumbo a tierras rusas, me quedan unos pocos días para evaluar qué es lo que tengo, qué es lo que perdería, y tomar una decisión.
Necesitaba que alguien me ayudara a pensar y recurrí a quien tenía más a mano, a Samuel. Le contó todo acerca de la propuesta de Lucrecia, de mis dudas, de mis sensaciones, de la inminencia del viaje, de la trascendencia de la decisión que debía tomar y le pregunté:
―¿Vos, en mi lugar, qué harías?
―Yo, en tu lugar, me valdría de todos los recursos que tuviera a mi alcance con el fin de encontrar a Luján, que lleva tres días ausente y es como si hubiera estado acá en todo momento. ¡No te veo nervioso! ¡No te veo asustado! ¡No te veo caminar sobre los muros, comiéndote las uñas, llorando en los rincones como sí hago yo!

lunes, 2 de diciembre de 2013

Día 336 - Un espectáculo pornográfico

Hoy me desperté cantando “Blues de la ventana”, de Ciro y los Persas. Tenía una semana para pensar si aceptaría o declinaría la propuesta de la falsa Lucrecia de irme a Rusia con ella para allí entrenarla para su pelea por el título europeo. De repente, la desaparición de Luján había pasado a un segundo plano… para mí; no así para Samuel, que no podía con su alma.
La pregunta que me hacía era la siguiente: “¿estoy en condiciones de dejar todo lo que tengo y todo lo que conseguí en el país por perseguir hasta las frías tierras del vodka el sueño de convertirme en el entrenador de una campeona del mundo?”. La respuesta surgía de manera espontanea e inmediata: “¿Qué es todo lo que tengo? y ¿qué es todo lo que conseguí?”

domingo, 1 de diciembre de 2013

Día 335 - Un bicho afectuoso

Hoy me desperté cantando “Tiempo pa pensá”, de Mala Rodriguez. Samuel está preocupado porque mi primo Luján, de Luján, nunca regresó de la fiesta de disfraces a la que asistió anoche. Traté de tranquilizarlo pero, internamente, me pregunto si no habrá vuelto a irse con sus amigos de la murga itinerante “Los Piantavotos de Ituzaingó”. Se aproxima el verano, que es la estación de mayor actividad para este tipo de agrupaciones y es probable que los primeros calores hayan despertado el deseo dormido de viajar y murguear.
Como Luján nos había acostumbrado, una vez más, a que el desayuno estuviera listo cuando despertábamos, llegamos al acuerdo tácito de no desayunar. Ninguno de los dos estaba en condiciones de encargarse de una preparación tan compleja sin saberlo, por lo menos, con un día de anticipación. Para el almuerzo, sí, saqué cien dólares de debajo del colchón y lo mandé a Samuel a comprar una pizza o unas empanadas.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Día 334 - El muy celoso

Hoy me desperté cantando “Jodido noviembre”, de Los Caballeros de la Quema. Y sí, fue jodido este noviembre que finalmente termina. Gracias a mi viejo, todavía es jodido, porque ayer, quizá sin proponérselo, instaló en mí la duda respecto a si confío o no confío en él. Sigo preguntándomelo y no encuentro una respuesta que me satisfaga, por lo que, al menos por ahora, no voy a delegarle el cuidado de mi dinero.
Por suerte, el otro problema que teníamos, el del comportamiento excéntrico de mi primo Luján, de Luján, se va normalizando poco a poco. Eso, aunque Samuel no esté de acuerdo, es lo que a mi juicio se desprende de su conducta de hoy. Qué él piense lo que quiera, pero para mí su mejoría es un hecho innegable.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Día 333 - Un cachorro de dóberman

Hoy me desperté cantando “Caerán los bancos”, de Niños Mutantes. Justo cuando me levanté, mi primo Luján, de Luján, salía del baño. Tenía el cuero cabelludo colorado por la afeitada que acababa de pegarse; estaba en cueros y miraba con una expresión que me recordó a la de Edward Nortón en American History X. Quizá me estaba dejando condicionar por las advertencias de Samuel, pero lo cierto era que su comportamiento comenzaba a preocuparme.
Sonó el timbre. Era mi viejo. Bajé a abrirle. No estaba solo. Había venido con su mujer de los viernes, la botswanesa Botswana Amarula, y las cuatro niñas que habían traído al mundo: Laa Laa, Dipsy Nabila, Abba Po y Tinky Winky. Para subir hasta el departamento sin exceder la capacidad del ascensor tuvimos que dividirnos en dos grupos. Primero subieron mi viejo y Botswana Amarula, y después subí yo con las cuatro criaturas.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Día 332 - Tortitas negras

Hoy me desperté cantando “Out of control”, de U2. Era temprano cuando me levanté y mi primo Luján, de Luján, recién estaba preparando el desayuno. Le dije que se ocupara del té, del mate, de los exprimidos de naranja y del café con leche, porque yo iría a comprar facturas.
En la panadería me paré delante del mostrador esperando a que me atendieran, pedí una docena de facturas y la encargada movió la cabeza señalándome el lugar en el que las exhibían.
―Sí, facturas ―le dije sin comprender demasiado a qué se debía el gesto.
―¿Ve que donde están las facturas hay unas paneritas y unas pinzas? ―me dijo.
―Sí ―le respondí.
―Bueno, tiene que servírselas usted.
―¿Desde cuándo? ―le pregunté indignado.
―¡Desde que el mundo es mundo, señor. No me hinche las bolas. Hágame el favor!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Día 331 - En el estado de Wisconsin

Hoy me desperté cantando “Te sigo”, de Los Calzones Rotos. Era temprano, pero el desayuno estaba servido en la mesa, esperando por Samuel, que todavía dormía, y por mí. Mi primo Luján, de Luján, que debía ser quien lo había preparado, no estaba ahí. Un ruido proveniente del baño delató su presencia. Me acerqué hasta la puerta. El ruido era el de mi afeitadora eléctrica. Me pareció extraño, porque Luján era un imberbe. Ni me quise imaginar qué parte del cuerpo estaría afeitándose y había decidido tomar unos cuantos dólares de debajo del colchón y comprarle una afeitadora eléctrica para que hiciera con ella lo que quisiera, pero no sería necesario, porque cuando salió, unos minutos más tarde, comprobé que se había afeitado la cabeza. Su nuevo look le gustaba tanto que había vuelto a raparse.

martes, 26 de noviembre de 2013

Día 330 - Estoy en problemas

Hoy me desperté cantando “Suspicious minds”, versión en español de Yiyo y los Chicos 10. Por segundo día consecutivo, mi primo Luján, de Luján, nos preparó el desayuno. Su mejoría es constante, aunque su personalidad presenta ciertos rasgos que antes de las rastas y las extensiones no manifestaba. Es, si es que es posible, más disciplinado, estructurado, riguroso, y un poco más torpe en sus maneras y movimientos, porque saluda extendiendo su brazo derecho y dando un grito ininteligible. Quizá tendríamos que llevarlo al médico.
Pero no tenía tiempo para ocuparme de nadie. Tenía que regresar a la casa de Justicia Social porque durante el casamiento ella había estado hablando a solas con el jefe de la mafia. Quería saber acerca de qué habían hablado, porque había recibido un llamado de Luis Miguel en el que, como socio mayoritario, me dio la orden de averiguar todo lo que pudiera acerca de este personaje.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Día 329 - Su desprecio eterno

Hoy me desperté cantando “Ojos de cielo”, de El Sueño de Morfeo. Poco a poco, mi primo Luján, de Luján, está volviendo a ser el de antes, al menos en lo que a su actitud servicial se refiere. Por primera vez en varios meses, preparó el desayuno para Samuel y yo. Habrá que creer, entonces, que tenía fundamentos la hipótesis de este otro y que las extensiones y las rastas estaban ejerciendo algún influjo sobre la conducta de Luján. Sí, desde que lo rapamos es otra persona. Antes dormía hasta las tres de la tarde, ahora se despierta con el amanecer, tiende su cama en menos de dos minutos, lava, cocina, limpia, se ejercita…
El casamiento de Igor me había dejado la sensación de que Justicia Social no la había pasado bien y sentí la necesidad de ir hasta su casa y disculparme personalmente por haberla llevado a una fiesta desprovista de lujos, de estilo decadente, carente de clase. Pero una simple disculpa no sería suficiente, tenía que encontrar la manera de compensarla.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Día 328 - Mi pequeño casamiento ruso

Hoy me desperté cantando “Luciendo mi saquito blusero”, de La Renga. Anoche la pasé a buscar a Justicia Social por la puerta de su casa y fuimos al casamiento de Igor. Para impresionarla, no fui en la furgonetita Volkswagen, sino que alquilé una limusina. Pensé que quizá no fuera muy expresiva, porque no hizo ni un solo comentario; tampoco esbozo ningún gesto de asombro, ni dejo escapar una sola exclamación. Supuse, además, que el poco tiempo de anticipación con el que la había invitado era la causa principal de que estuviera vestida de manera tan poco elegante, con un pantalón de uso diario y un suéter de lana marrón.
La celebración tendría lugar en el restorán-gimnasio de los ruso-ucranianos. Ahí nos dejó el chofer. Ahí bajamos. Contrario a lo que había imaginado, el lugar tenía el aspecto de todos los días. La única diferencia residía en que habían lavado los manteles para la ocasión. Los invitados no eran muchos. A excepción de una o dos caras extrañas, los invitados eran aquellos que día a día, ya fuera por fines laborales o sociales, visitaban el lugar.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Día 327 - Peinado a la gomina

Hoy me desperté cantando “El nudo”, de Callejeros. Acá estoy, dándome los últimos retoques para asistir al casamiento de Igor. Sé que dije que no iba a ir, pero una circunstancia me llevó a cambiar de opinión. Recibí un llamado de Luis Miguel en el cual me informó que él había sido el responsable de que me invitaran al casamiento ruso, que lo había hecho porque nos habían contratado para una investigación relacionada con el evento, que no podía adelantarme más que eso por teléfono porque existía el riesgo de que nos hubieran pinchado la línea, pero que me lo haría saber oportunamente. Me preguntó, también, si ya tenía con quién ir, que en caso de que no tuviera acompañante me pasaría un número a través del cual, si decía que llamaba de parte de él, conseguiría un pedazo de hembra por un precio sumamente razonable.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Día 326 - El síndrome de Estocolmo


Hoy me desperté cantando “Fiesta sin invitación”, de Los Enanitos Verdes. Luján amaneció un poco más tranquilo, o al menos eso aparentaba, y daba la impresión de que, finalmente, tras dos días de cautiverio, las condiciones para liberarlo estaban dadas. Sin embargo, cuando nos acercamos para desatarlo, murmuró entre dientes una nueva amenaza contra Samuel.
¡Pobre Sammy! Es tan fuerte el amor que siente por ese mocoso, que, aunque lo intentó, le fue imposible disimular el dolor que le producía la actitud de Luján.
―De todos modos ―dijo mientras aflojaba el nudo―, no nos queda otra que desatarlo…
―¡No, pará! ―le dije yo y volví a ajustar el nudo― Tengo una idea.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Día 325 - ¿Por qué no me mandás un mail?

Hoy me desperté cantando “Me mata”, de Kapanga. Ayer se nos fue la mano con el cloroformo. Mi primo Luján, de Luján, durmió hasta esta mañana. Es más, creo que lo desperté yo, con mi canción de Arjona. Eso explicaría, en gran parte, su reacción, porque comenzó a insultar al aire y, cuando se cansó de hacerlo, dedicó el resto de sus energías a amenazarnos de muerte a Samuel y a mí.
―¡Hijos de puta! ¡Desátenme! ¿Me raparon? ¡Me raparon, hijos de mil puta! ¿Dónde están mis rastas? ¡Desátenme! ¡Los voy a matar!
Por suerte habíamos cometido un pequeño descuido: nos habíamos olvidado de desatarlo. Para que se tranquilizara, le propuse a Samuel que volviéramos a dormirlo con otra dosis de cloroformo, pero, como él era partidario de dejar que siguiera gritando hasta que terminara de desahogarse, me fui del monoambiente. Si hay algo que no tolero, es escuchar a un hombre mientras se queja por pavadas.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Día 324 - Una fogata de pelos

Hoy me desperté cantando “Sentate en el pelado”, de Amar y Yo. Terminé la canción bajó la ducha. Después me afeité, me cepillé los dientes y salí del baño. Samuel me recibió con uno de sus mates amargos.
―¿Tiene azúcar? ―le pregunté sabiendo cuál sería la respuesta.
―No ―dijo él.
―Entonces paso.
―¿Qué hacemos? ―me preguntó después de un largo silencio.
―¿Qué hacemos con qué?
―Con las rastas de Luján. ¿Le cortamos el cabello al ras o lo dejamos así?
―¿Vos realmente estás convencido de que esas extensiones tienen influencia sobre su personalidad? ―le pregunté.
―Sí ―respondió él.
―Bueno, entonces, por si acaso, para que te quedes tranquilo, avancemos con el plan de raparlo. Eso sí, algo vamos a tener que inventar, porque no se va a dejar así porque sí.
―Y vos ¿qué sugerís?
―Desde mi punto de vista ―le dije―, tenemos dos opciones: la primera sería dormirlo; la segunda, maniatarlo. ¿Cuál te parece mejor?
―La tercera.

martes, 19 de noviembre de 2013

Día 323 - Tereré con vodka

Hoy me desperté cantando “No woman, no cry”, de Bob Marley. Nada como dormir sobre un colchón debajo del cual hay setenta mil dólares. Tuve sueños maravillosos durante toda la noche, sueños en los que no hacía más que comprar objetos costosos y vivir una vida repleta de lujos. El origen de ese dinero no representaba un dilema para mí. No tenía remordimientos ni por haber tomado el dinero de los rusos ni por haber apostado en contra de Vicky, porque no lo había hecho como consecuencia de un capricho, sino en base a un estudio minucioso de las características de ambas boxeadoras.
Ahora que era el más tipo más rico que conocía, ya nada conseguiría fastidiarme. Nada no, porque Samuel se acercó a mí y me ofreció un mate. Sabía que no me iba a salir barato, pero lo acepté de todos modos. Estaba muy amargo.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Día 322 - En el horno

Hoy me desperté cantando “Good Riddance (Time of Your Life)”, de Green Day. Los rusos continuaban buscándome por la ciudad y yo seguía ahí, escondido en su restorán-gimnasio. Sabía que era peligroso, pero tras dos días de cautiverio mi estómago pedía alimento y decidí hacer una incursión a la cocina. No es mucho lo que sé acerca de la cocina rusa, por lo que me era difícil distinguir entre aquellos platos que debían servirse crudos y aquellos otros que requerían cocción. Dadas las circunstancias, decidí asumir el riesgo.
Me estaba dando un festín, raspando el fondo de una hoya en la que había un puré un tanto acuoso o una sopa fría y espesa, cuando oí que alguien entraba al restorán. Con desesperación, analicé el lugar buscando un sitio en el cual esconderme y, sin someter la decisión a un análisis profundo, me metí, tras una portezuela, en un hueco que había en la pared.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Día 321 - La última masa fina

Hoy me desperté cantando “Quieren bajarme”, de Damas Gratis. Los rusos me están buscando. Me buscan desde que anoche terminó el séptimo round de la pelea con Vicky todavía de pie. Siguiendo el consejo que alguien me dio hace mucho, mucho tiempo, me escondí en el último lugar en el que se les ocurriría buscarme: su propio restorán-gimnasio. Nadie sería tan estúpido como para esconderse acá. Bueno, les tengo una noticia a esos tomadores de vodka, yo sí soy tan estúpido.
La pelea entre Vicky y Lucrecia fue una carnicería. Desde que mi vieja y mi tía se pelearon por la última masa fina con dulce de leche aquella tarde de domingo del año ochenta y nueve, no veía a dos mujeres golpearse durante tanto tiempo y con tanta ferocidad. Los primeros tres asaltos mostraron a una Vicky dubitativa y algo paralizada por los nervios. Era evidente que Arnoldo Jorge Negri había hecho una mala lectura de la pelea y no había dado en la tecla con la estrategia, porque Lucrecia entraba y salía de la guardia de Vicky golpeándola a placer, tanto en el cuerpo como en el rostro. Por suerte, Vicky es una boxeadora inteligente y versátil, que no se ata a un plan si éste no da el resultado esperado. En el cuarto round hizo algunos ajustes y emparejó el desarrollo. Ganó, sin dejar lugar a dudas, el quinto y el sexto asalto, y llegó al inicio del crucial séptimo asalto un punto debajo de la falsa Lucrecia en las tarjetas.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Día 320 - Unas horas en el purgatorio

Hoy me desperté cantando “Cumbia batucada”, de Los Delfines. ¡Qué día! En este momento, Igor le está vendando las manos a la falsa Lucrecia. Faltan cuarenta minutos para el comienzo de la pelea. Yo estoy de pie y, con la espalda y la suela de un zapato apoyados en la pared, los veo hacer… Que los veo hacer es un decir, porque, a decir verdad, mientras mis ojos apuntan en dirección a ellos, mi mente se entretiene imaginando a Vicky (de quien sólo me separa la pared detrás de mi espalda) sentada en un cuartito como este, ansiosa y concentrada mientras Arnoldo Jorge Negri le coloca las vendas.
Siento deseos de salir, entrar a su vestuario, darle un fuerte abrazo, algunas instrucciones y desearle suerte, cuando en realidad tendría que salir, entrar a su vestuario y encontrar el medio de persuasión para que acceda a dejarse caer en algún momento del séptimo asalto. Podría haberla invitado, también, a fugarse conmigo. Podríamos habernos valido del dinero de los rusos, subirnos a un avión y empezar una carrera lejos, muy lejos, bajo nombres ficticios respaldados por pasaportes falsos…

viernes, 15 de noviembre de 2013

Día 319 - Esa tramoya por demás deshonrosa

Hoy me desperté cantando “Yo no me sentaría en tu mesa”, de Los Fabulosos Cadillacs. Estaba nervioso, porque había llegado el día del pesaje de la pelea entre Vicky y la falsa Lucrecia. La ceremonia tendría lugar en la federación de boxeo y contaría con la asistencia de la prensa especializada y de algunas glorias del boxeo doméstico. Estaba a punto de cumplir uno de los grandes sueños de mi vida: el de hacerme sitio en la elite del pugilismo nacional, pero diversos factores me impedían disfrutar el momento.
En primer lugar, había llegado al punto deseado, sí, pero por el camino incorrecto. Sentía que debía estar en la esquina de Vicky y no en la de la falsa Lucrecia; en segundo lugar, estaba todo ese asunto de las apuestas y los ruso-ucranianos presionándome para que persuadiera a Vicky de caer noqueada en el séptimo asalto y obligándome a invertir diez mil pesos de mi fortuna personal ―que ascendía a poco más de diez mil pesos― en esa tramoya por demás deshonrosa.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Día 318 - Media docena de medialunas

Hoy me desperté cantando “Que me quiten mi dinero”, de Andy & Lucas. Después de tanto tiempo más que un puñado de monedas circunstanciales en el bolsillo, me sentía un potentado con tanto dinero en el bolsillo. Para compartir mi felicidad, fui hasta la panadería y compré media docena de medialunas, preparé el mate y los desperté a Samuel y a mi primo Luján, de Luján, para que desayunáramos.
Desde que se había hecho las rastas, a Luján no le gustaba levantarse temprano. Dormía todos los días hasta después del mediodía. Por eso, supongo, fue que no le gustó demasiado que lo hubiera despertado a las cinco y diez de la mañana. De mal humor y todo, se levantó de la cama, engulló las dos medialunas que le correspondían, me quitó la pava de la mano, se cebó un mate, lo tomó, se cebó otro, lo tomó y volvió a acostarse. Su actitud me dejó pasmado. A Samuel, por cuestiones fonéticas, lo dejó anonadado.